Trabajando emociones: El enfado

Iniciamos nuestro blog con una serie de entradas que nos parecen esenciales para entender los procesos de coaching sistémico, y cómo los caballos favorecen la identificación de dinámicas ocultas y ayudan a encontrar soluciones creativas para mejorar áreas de crecimiento, tanto a nivel personal como dentro de las organizaciones.

En las próximas semanas, abordaremos las emociones por las que muchas personas empiezan un proceso de coaching, o bien aparecen como motivadores invisibles de los conflictos que se generan en las empresas. Empezamos con el ENFADO:


Olga Casado, fundadora y directora de programas de Equinat Coaching, sugiere que el enfado es un importante factor motivante:

A lo largo de mi trayectoria como coach, he recibido feedback muy diverso para responder a la pregunta  “¿por qué has decidido iniciar este proceso?”. Algunas de las respuestas más comunes son “estoy cansado de enfadarme y de discutir”, “no soy capaz de resolver conflictos que se repiten”, etcétera.… (Leer post sobre la utilidad del enfado)

El enfado está muy relacionado con los límites, por eso es importante saber cuáles son nuestros propios límites y aprender a ponerlos en funcionamiento. En esto, los caballos son verdaderos maestros, si bien con frecuencia intentarán invadir nuestro espacio como medio de evaluación para ubicarnos dentro de su jerarquía. Es el inicio del proceso de auto-diagnóstico, que será de gran utilidad para avanzar en nuestro crecimiento individual y como miembros de un equipo.
Los procesos de coaching facilitan la comprensión del origen de los conflictos que se desencadenan en nuestra vida. En una dinámica de pregunta-respuesta, el interesado puede ver su ámbito de responsabilidad y localizar las soluciones más adecuadas. El solo hecho de tomar conciencia del deseo de cambio ya es un paso adelante definitivo.
Al trabajar con caballos, recibimos feedback objetivo, tanto de su lenguaje corporal al recibir el impacto de nuestra presencia y demandas, como de nuestras propias emociones que afloran en la interacción con ellos. Su curiosidad innata los hace involucrarse y querer participar de nuestras propuestas. En el curso del trabajo, nosotros lograremos mantener o no esa implicación y ganas de trabajar en equipo.
Paciencia, perseverancia, límites claros, comunicación asertiva… Todo esto y más, es lo que podemos aprender a poner en práctica en el trabajo pie a tierra con los caballos. Lo que es naturaleza esencial para ellos, es un bello camino de aprendizaje y mejora para nosotros.

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